Los padres deben hacer lo posible por darles alimento, techo y abrigo (1 Timoteo 5:8). Pero eso no basta. También tienen que enseñarles a amar e imitar a Dios (Efesios 6:4). Cuando los padres son un ejemplo de amor a Dios, eso tiene una profunda influencia en los hijos. Una educación basada en la Palabra de Dios puede moldear positivamente su forma de pensar. (Lea Deuteronomio 6:4-7 y Proverbios 22:6.)
Los hijos necesitan que los animen y los feliciten por sus buenas acciones. A veces también es preciso disciplinarlos y corregirlos, pues así se evitará que hagan cosas que los perjudiquen (Proverbios 22:15). Con todo, la disciplina nunca debe ser dura ni cruel. (Lea Colosenses 3:21.)
Los testigos de Jehová han publicado varios libros especialmente dirigidos a los padres y a los hijos. Todos están basados en la Biblia. (Lea Salmo 19:7, 11.)

