Jehová, el Dios feliz de quien provienen tantas buenas noticias, desea que las familias sean felices (1 Timoteo 1:11). Él fue quien instituyó el matrimonio. Casarse legalmente ofrece a las parejas un marco estable para la crianza de los hijos y pone el fundamento para una familia feliz. Los cristianos deben obedecer las leyes establecidas para registrar los matrimonios. (Lea Lucas 2:1, 4, 5.)
Dios considera el matrimonio como la unión permanente entre un hombre y una mujer. Él quiere que el esposo y la esposa sean fieles el uno al otro (Hebreos 13:4). Jehová odia el divorcio (Malaquías 2:16). No obstante, permite que una persona se divorcie y se vuelva a casar si su cónyuge ha cometido adulterio. (Lea Mateo 19:3-6, 9.)
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